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Los 8 criterios que MIAF compara entre ofertas de comercializadoras

  • hace 2 horas
  • 6 min de lectura

Dos ofertas eléctricas pueden enseñar el mismo precio medio en una hoja comercial y acabar generando facturas muy distintas. La diferencia aparece cuando se baja al CUPS, al calendario horario, a la potencia contratada por periodo, a la reactiva, a las cláusulas de revisión y al comportamiento real de consumo de la empresa.

Por qué comparar solo por precio es un error

En electricidad B2B, el “precio del kWh” rara vez cuenta toda la historia. Una oferta aparentemente barata puede concentrar el descuento en periodos donde la empresa casi no consume, dejar fuera costes regulados que después se repercuten, incluir revisiones automáticas o penalizar una salida anticipada.

Por eso MIAF compara ofertas desde facturas reales, no desde precios aislados. En nuestro trabajo diario analizamos contratos de luz y gas para empresas, cruzamos consumos por CUPS y periodo, y comparamos +600 ofertas activas de +40 comercializadoras con una calculadora propia. Esta metodología forma parte del servicio de consultoría energética para empresas: no se trata de elegir “la comercializadora más barata”, sino la oferta que encaja mejor con el riesgo, el consumo y la operativa de cada empresa.

Criterio 1: precio por periodo

El primer filtro es el precio de energía por periodo tarifario. En 2.0TD hay 3 periodos de energía y 2 de potencia. En 3.0TD y en todas las 6.xTD hay 6 periodos de energía y 6 de potencia, de P1 a P6, según la estructura definida por la Circular 3/2020 de la CNMC.

MIAF no compara un precio medio genérico. Calcula cuánto habría costado la factura aplicando cada oferta al consumo real de la empresa por periodo. Esto es clave en industrias, hoteles, obradores, supermercados, talleres o cadenas retail, donde el peso de P1, P2 o P6 cambia por completo la lectura económica.

Una oferta fuerte en P6 puede ser interesante para un almacén con mucha actividad nocturna. La misma oferta puede ser mediocre para una oficina con consumo concentrado en horario laboral. El precio solo cobra sentido cuando se cruza con la curva de consumo.

Criterio 2: estructura del término fijo

El término fijo depende de la potencia contratada, los peajes y cargos regulados vigentes, y los precios de potencia que aplique el contrato. Es una parte que se paga aunque el consumo baje durante un mes de menor actividad.

MIAF analiza el impacto de cada oferta en el coste fijo por periodo. También revisa si la potencia contratada está ajustada al uso real de la instalación. En tarifas con 6 periodos, las potencias deben respetar el orden ascendente: P1 ≤ P2 ≤ P3 ≤ P4 ≤ P5 ≤ P6.

Este punto pesa mucho en empresas con estacionalidad. Un hotel, una fábrica con turnos variables o una cadena de tiendas no necesitan la misma lectura que una oficina estable de lunes a viernes. Cuando procede, MIAF tramita el ajuste proactivo de potencia por periodo y valida después que la factura refleje correctamente el cambio.

Criterio 3: cláusulas de indexación

Muchas ofertas combinan conceptos fijos, indexados o revisables. En contratos indexados, el precio final puede depender del mercado diario de OMIE, de costes de desvíos, pérdidas, pagos regulados, margen de comercialización y otros conceptos definidos en contrato. En contratos fijos, pueden existir cláusulas de revisión por cambios normativos o por variaciones de costes regulados.

MIAF revisa la fórmula completa. No basta con saber si una oferta es fija o indexada. Analizamos qué costes están incluidos, cuáles se trasladan aparte y cómo se calcula el margen de la comercializadora.

Cuando una empresa busca estabilidad presupuestaria, la lectura es distinta a la de una compañía que acepta volatilidad a cambio de capturar oportunidades de mercado. En grandes consumos, MIAF también estudia estructuras mixtas, referencias OMIP, PPAs o bilaterales cuando encajan con el perfil de compra.

Criterio 4: permanencia y penalizaciones

Una oferta puede tener buen precio y mala flexibilidad. Por eso MIAF revisa permanencia, preavisos, penalizaciones por cancelación anticipada, condiciones de renovación y posibles prórrogas.

Este criterio importa especialmente cuando el contrato se firma en un momento de mercado cambiante. Si la empresa queda atrapada en una condición poco flexible, la diferencia entre dos ofertas no se mide solo en €/MWh, sino en capacidad de reacción.

MIAF gestiona el calendario de vencimientos, negocia renovaciones y prepara comparativas antes de que el contrato entre en prórroga. En grupos multisede, este punto permite ordenar fechas, evitar decisiones sede a sede y mejorar la posición negociadora del conjunto.

Criterio 5: facturación de reactiva

La energía reactiva puede convertir una oferta correcta en una factura peor de lo previsto. La Circular 3/2020 de la CNMC mantiene la aplicación del término de reactiva en los suministros que correspondan, con la excepción del periodo P6 para la reactiva inductiva.

MIAF revisa si la comercializadora factura la reactiva correctamente, si el exceso corresponde al periodo aplicado y si la penalización aparece de forma recurrente. En empresas con motores, compresores, frío industrial, elevadores o maquinaria, este punto no es marginal.

Cuando se detecta reactiva en la validación mensual, MIAF analiza el patrón, informa al cliente y coordina la corrección con partners especializados si requiere actuación técnica, como baterías de condensadores. Después se valida que la penalización desaparezca o se reduzca en las siguientes facturas.

Criterio 6: servicio postventa

En energía B2B, el precio inicial pierde valor si cada incidencia tarda semanas en resolverse. Altas, bajas, cambios de titular, modificaciones de potencia, errores de lectura, refacturaciones o reclamaciones requieren interlocución con comercializadora y, a veces, con distribuidora.

MIAF pondera la calidad operativa de cada comercializadora: claridad documental, tiempos de respuesta, consistencia en facturación, gestión de incidencias y capacidad de resolver reclamaciones.

El cliente no queda solo después de firmar. Con poderes de representación, MIAF interlocuta con comercializadoras y distribuidoras, tramita cambios y mantiene contratos, facturas e histórico accesibles en la plataforma web del cliente, junto con la comunicación con su asesor.

Criterio 7: estabilidad de la comercializadora

La estabilidad de la comercializadora también forma parte del análisis. No se valora solo el nombre o el tamaño, sino la coherencia entre la oferta, el tipo de cliente que atiende, su capacidad operativa y las condiciones que propone.

MIAF evita convertir la comparación en una subasta ciega. En un contrato energético, la contraparte importa. Una comercializadora puede ser competitiva para PYMEs en baja tensión y menos adecuada para una industria en alta tensión. Otra puede encajar bien en indexados, pero no aportar la flexibilidad que necesita un grupo con muchas sedes.

Este criterio no elimina opciones por prejuicio; ordena el riesgo operativo. La mejor oferta luz B2B no es siempre la más agresiva en precio, sino la que combina coste, solvencia contractual y capacidad de servicio.

Criterio 8: ajuste al perfil de consumo

El criterio final une todos los anteriores: el ajuste al perfil real de consumo. MIAF analiza consumo anual, distribución por periodos, potencia demandada, estacionalidad, horarios de actividad, número de CUPS, tensión, tipo de tarifa y tolerancia al riesgo.

Una panadería con consumo de madrugada no se parece a una clínica, una cadena de tiendas, una nave logística o una fábrica con turnos. Por eso, “cómo comparar ofertas luz empresa” empieza por entender cuándo, cuánto y cómo consume la empresa.

En multisede, MIAF separa patrones. Puede haber tiendas con consumos homogéneos, almacenes con picos de potencia, oficinas con bajo valle y locales con penalizaciones por reactiva. La comparación se hace punto a punto y después se consolida la decisión.

Cómo MIAF pondera cada uno

MIAF no aplica una ponderación fija para todos los clientes. El peso de cada criterio cambia según el caso.

En una PYME con consumo estable y poca capacidad administrativa, pesan mucho el coste total anual estimado, la claridad contractual y el servicio postventa. En una industria electrointensiva, cobran más importancia el precio por periodo, la estrategia de compra, los desvíos, la potencia y la exposición al mercado. En un grupo retail, la gestión multipunto, los vencimientos y la facturación ordenada pueden tener tanto valor como el precio unitario.

El proceso siempre empieza con facturas reales. MIAF reconstruye el gasto actual, simula alternativas, compara condiciones y explica la recomendación con números comprensibles. Después gestiona el cambio, valida las primeras facturas y acompaña contrato a contrato, factura a factura.

Con 10+ años de experiencia, 2.000+ empresas y 1.500+ facturas validadas, el valor está en mirar más allá del precio comercial y convertir la comparativa en una decisión financiera defendible. Envía tus últimas facturas y MIAF prepara un estudio energético sin compromiso.

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