Término fijo y término variable: los dos pagos de tu factura eléctrica
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En una factura eléctrica de empresa hay cientos de líneas, pero dos conceptos acaparan más del 80% del importe total: el término fijo y el término variable. Todo lo demás —impuestos, alquiler de equipos, energía reactiva— se sitúa encima de este binomio. Entenderlo no es un ejercicio académico: es la base sobre la que MIAF trabaja para detectar dónde está el margen de optimización real en cada contrato.
El binomio que define tu factura
La factura de luz de una empresa no es una caja negra. Tiene una arquitectura lógica: un coste por tener disponible la energía y un coste por usarla. El primero no depende de si enciendes o apagas una máquina. El segundo, sí. Esa distinción es fundamental porque las palancas de ahorro en uno y otro son completamente distintas, y mezclarlas es el error más habitual que MIAF detecta al analizar facturas por primera vez.
Si ya has leído cómo MIAF revisa una factura de empresa línea a línea, reconocerás estos dos bloques como el corazón de ese análisis. Aquí los desarrollamos en profundidad.
Término fijo: potencia contratada × peaje × número de días
Qué es y cómo se calcula
El término fijo no mide lo que consumes. Mide lo que podrías consumir en cualquier momento: la potencia que has contratado. La fórmula que aplica la regulación es sencilla en su estructura:
Importe fijo = potencia contratada (kW) × precio del peaje (€/kW·día) × número de días del periodo facturado
El precio del peaje de potencia lo fija la CNMC y se actualiza anualmente. En 2026, los peajes de potencia han subido entre un 4,1% y un 12,4% según tarifa, lo que significa que el término fijo pesa más en la factura este año incluso si el consumo se mantiene estable.
Cuántos periodos entran en juego
Aquí está la clave que escapa a la mayoría de las administraciones: el término fijo no es un único número. En una tarifa 3.0TD —la más habitual en pymes con más de 15 kW— hay seis periodos de potencia (P1 a P6), cada uno con su propio precio y su propio kW contratado. En una 6.1TD industrial, la estructura es idéntica: seis periodos, seis importes fijos sumados. En la 2.0TD —pequeño comercio, despachos hasta 15 kW— la estructura es más sencilla, con dos periodos de potencia.
Esto significa que una empresa en 3.0TD paga seis veces la fórmula anterior, una por periodo. Y si la potencia contratada en P1 (punta de lunes a viernes en invierno) está sobredimensionada respecto al uso real, ese exceso se paga cada día del año, sin excepción.
Qué optimiza MIAF en el término fijo
MIAF analiza la curva real de carga del suministro —los datos cuarto-horarios registrados en el contador— y la cruza con la potencia contratada en cada periodo. Cuando detecta que la empresa está pagando kW que nunca llega a utilizar en determinadas franjas, tramita el ajuste ante la comercializadora y la distribuidora. El ahorro en el término fijo es inmediato y recurrente: baja en la factura del mes siguiente y se mantiene mientras el contrato esté activo.
Los posts sobre optimización de potencia en 2.0TD y 3.0TD ampliarán esta mecánica con casos concretos por tipo de empresa. Son las piezas naturales que arrancan de aquí.
Término variable: kWh consumidos × precio
Qué es y cómo se calcula
El término variable es el coste de la energía que tu empresa realmente consume. La fórmula es igualmente directa:
Importe variable = kWh consumidos × precio de la energía (€/kWh)
El precio del kWh tiene dos componentes: el peaje de energía (regulado, fijado por CNMC) y el precio de la energía propiamente dicho (negociable, la parte que la comercializadora oferta). El peaje no se puede negociar. El precio de la energía, sí.
Qué mueve el precio de la energía
En un contrato de precio fijo, la comercializadora fija el €/kWh para toda la vigencia del contrato. En un contrato indexado, el precio fluctúa con el mercado mayorista OMIE, lo que puede ser más barato en épocas de precios bajos pero traslada la volatilidad directamente a la factura. En un contrato mixto, una parte está fijada y otra sigue el mercado.
Al igual que el término fijo, el término variable se desglosa por periodos en tarifas de seis periodos: el kWh consumido en P1 (hora punta) es significativamente más caro que el consumido en P6 (hora supervalle). La diferencia de precio entre ambos extremos puede multiplicarse por cuatro o más, dependiendo del contrato y del nivel de tensión.
Qué optimiza MIAF en el término variable
MIAF compara en tiempo real más de 600 ofertas activas de más de 40 comercializadoras con la calculadora propia. Esa comparación no se hace sobre el precio del kWh de P1 en abstracto: se hace sobre el perfil de consumo real del cliente, periodo a periodo. Una oferta que parece competitiva en el precio anunciado puede ser cara si el cliente concentra su consumo en P1; otra aparentemente más cara puede resultar más económica si el consumo es mayoritariamente en P5 o P6.
Además, MIAF analiza qué modalidad de compra —fijo, indexado o mixto— encaja mejor con el perfil de riesgo de la empresa y la coyuntura del mercado, sin prescribir ninguna por defecto.
Cuál pesa más según el tipo de empresa
La proporción entre término fijo y término variable varía según el perfil de consumo. No hay una regla universal, pero sí patrones claros:
Empresas con consumo intensivo y horario amplio
En industria, logística o alimentación con turnos prolongados, el término variable tiende a dominar la factura. El consumo real de kWh es alto y acumula semana a semana. Aquí, el precio negociado del kWh y la elección entre fijo o indexado tienen un impacto directo en la cuenta de resultados. Un céntimo de diferencia por kWh en un suministro de 500.000 kWh/año son 5.000 € anuales de diferencia.
Empresas con consumo irregular o estacional
En hostelería, comercio o actividades con cierres estacionales, el término fijo gana peso relativo. Si el local permanece cerrado varios meses, el contador de kWh se detiene, pero el contador de días —y por tanto el término fijo— no. En estos casos, ajustar la potencia a la baja en temporada baja es una acción con retorno inmediato.
Oficinas y despachos en 2.0TD o 3.0TD baja
Con consumos moderados y horarios regulares, el término fijo suele representar entre el 35% y el 55% del total facturado, especialmente tras las subidas de peajes de los últimos ejercicios. Es el segmento donde MIAF detecta más frecuentemente potencias sobredimensionadas en los periodos de punta.
Qué optimiza MIAF en cada uno
El trabajo de MIAF en el término fijo y en el término variable no es puntual: es continuo.
En el término fijo, la validación mensual de facturas detecta si la potencia contratada sigue siendo la adecuada o si el perfil de consumo ha cambiado —por ampliación de actividad, reducción de turnos o cambio de maquinaria—. Cuando el ajuste está justificado, MIAF tramita la modificación contractual y verifica que la siguiente factura lo refleje correctamente. Si la comercializadora aplica mal el cambio, MIAF reclama.
En el término variable, la comparación anual de tarifas garantiza que el contrato vigente sigue siendo competitivo. MIAF no espera al vencimiento para detectar si el mercado ha mejorado: monitoriza la evolución de precios y alerta cuando la diferencia entre el contrato activo y las mejores ofertas disponibles justifica una revisión anticipada.
El CUPS del suministro es el punto de partida de todo este análisis: sin él no hay histórico, sin histórico no hay comparación real, y sin comparación real no hay optimización fundamentada.
La primera revisión de facturas no tiene compromiso. Envía tus últimas facturas y MIAF prepara un estudio energético sin compromiso que identifica, término a término, qué se está pagando de más y qué se puede corregir.




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