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Vivir prescindiendo del gas ruso

La reciente declaración de Josep Borrell, de la Unión de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, sobre la reducción casi total de la dependencia energética de Europa respecto a Rusia ha despertado un gran interés en el panorama energético. Con solo un 7% de exportaciones de gas ruso en comparación con el anterior 40%, y un invierno inusualmente templado como factor clave, surge la pregunta: ¿cómo ha logrado Europa esto y cuáles son las implicaciones económicas y geopolíticas de esta transformación?


La proyección de que la Unión Europea pueda prescindir por completo del gas ruso para el año 2028debido al aumento significativo de las energías renovables marca un hito crucial en la historia energética del continente. Este objetivo se ve respaldado por el hecho de que antes de la Guerra de Ucrania, más del 50% del gas consumido en Europa provenía de Rusia. Sin embargo, gracias a la diversificación de mercados y al crecimiento exponencial de fuentes renovables, esta cifra ha disminuido drásticamente, alcanzando ahora más del 13%. De hecho, las energías renovables ya representan una quinta parte de la energía consumida en Europa, lo que subraya el cambio hacia una matriz energética más sostenible y autónoma. Estos datos no solo evidencian un cambio en la dinámica del mercado energético europeo, sino que también plantean importantes cuestiones sobre el futuro de la seguridad energética y la geopolítica en la región. En el próximo segmento, examinaremos cómo este cambio podría afectar tanto a los países europeos como a sus relaciones con Rusia y el resto del mundo.

La visión de expertos como el Dr. Gireesh Shrimali, jefe de "Transition Finance Research at Oxford Sustainable Finance Group and Technical Lead in the Secretariat for the UK Transition Plan Taskforce", destaca los posibles beneficios de eliminar la dependencia del gas ruso en la Unión Europea. Según Shrimali, esta medida no solo aliviaría los problemas de seguridad energética en la región, sino que también podría ser fundamental para abordar la crisis del costo de vida, ya que los costes energéticos juegan un papel significativo en la economía doméstica de los ciudadanos europeos. Además, la eliminación de esta dependencia podría allanar el camino hacia un futuro con emisiones netas de carbono cero, en línea con los objetivos de sostenibilidad y mitigación del cambio climático de la UE.

Sin embargo, a pesar de estos avances y proyecciones prometedoras, el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA) señala que las importaciones de gas aún persisten en la UE. Según datos del CREA, en los primeros cuatro meses de 2023, la Unión Europea pagó la considerable suma de 5.000 millones de euros a Rusia por gas. Este hecho pone de relieve la complejidad y los desafíos que implica la reducción completa de la dependencia del gas ruso, así como la necesidad de continuar con los esfuerzos para diversificar aún más las fuentes energéticas y promover la autosuficiencia energética en la región.

Gracias al desarrollo de infraestructuras para la importación de Gas Natural Licuado (GNL) y la construcción de interconexiones, la Unión Europea ha iniciado una nueva etapa en su proceso de reducción de la dependencia del gas ruso, superando así las preocupaciones por una posible escasez de suministro. El enfoque actual se centra en la elaboración de una estrategia que determine el futuro de las importaciones de gas natural ruso hasta 2027, fecha establecida en el marco de la iniciativa REPowerEU para poner fin a las compras de hidrocarburos a Rusia.

En este escenario, el papel del gas ruso en Europa se vería en una posición marginal, teniendo que competir con otros proveedores, principalmente el GNL de Estados Unidos y Qatar, en un contexto de transición hacia la descarbonización y una previsible disminución de la demanda energética. Por tanto, se puede concluir que Rusia ha fracasado en su intento de ejercer presión a través de la política energética, al no lograr doblegar el apoyo europeo a Ucrania, y habiendo sacrificado en vano su posición en el mercado energético europeo, considerado hasta ahora como uno de los más lucrativos.

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